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Tres veces nominada para los premios Grammy, Freelon (1954, Cambridge, Massachusetts) sintió desde muy temprana edad la llamada de la música, si bien antes de emprender la carrera profesional que le habría de llevar al sitio que ocupa en la actualidad se graduó en Servicios Sociales en la universidad de Durham, de Carolina del Norte, y tuvo tres hijos. Estudió con Yusef Lateef y perteneció durante varios años a una banda en la que Woody Williams era el baterista.
Tras una aparición estelar con Ellis Marsalis, graba su primer disco en 1992, que atrae la atención de la crítica, si bien parte de ésta señala excesivas similitudes con la manera de cantar de Sara Vaughan.
Su segundo álbum fue recibido más favorablemente, y con ocasión del tercero, incluso los más recalcitrantes detractores se vieron obligados a reconocer el extraordinario talento de la cantante y su prodigiosa voz. Freelon extrae su repertorio no sólo del jazz, sino también de la música pop y folk, asimilando dichas corrientes en una síntesis del todo personal.
Freelon, sin duda, ha encontrado ya un estilo que se pone aún más de manifiesto cuando cambia de sello discográfico en 1966 e inicia un camino mucho más personal, encarnado sobre todo en su segunda grabación para Concord Jazz, Maiden Voyage (1998); en el que, entre otras cosas, expone su interés por el papel que la mujer ha de desarrollar en el ámbito musical y en la sociedad en general.
En el 2000, Freelon debuta en el campo de la interpretación en What Women Want, y graba su primera producción propia, Soulcall. Freelon ha grabado y actuado con una variada gama de músicos, y un examen de ese elenco puede testimoniar acerca de los gustos de la cantante y por donde se encaminan sus pasos. Esos artistas son, entre otros, los exquisitos Kenny Barron y Herbie Hancock, Joe Beck, Christian McBride y Kirk Whalum.
La voz de Freelon es rica en calidades emocionales, acompañada últimamente de un sonido fuerte. No obstante, si las circunstancias musicales así lo demandan, es capaz de dar con el tono cool aunque sensual, especialmente persuasivo cuando se trata de baladas. Su variedad de registros le permite crear desde un escenario propicio a la confidencia a otro en el que se interpretan en clave de humor clásicos del pop, del soul, del jazz o del gospel, todo en un clima de libertad en el que siempre cabe el recurso a la improvisación. |
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